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Ideas desnudas

Ideas desnudas

Caricatura del autor | Alberto Z de la Hoz

Anna Sofía Benítez Silvente (más conocida como Anna Bensi), ¡con sólo 21 años y un puñado de ideas claras!, ha incomodado al aparato represor de la dictadura cubana desde las redes sociales.

Este miércoles 25 de marzo, en horas de la tarde y durante una larga hora, fue tratada como un delincuente de alta peligrosidad en la estación número 27 de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR), en el reparto Alamar, perteneciente al municipio Habana del Este. No caben dudas de que la joven (sus creativos contenidos y su alto nivel de sinceridad y compromiso con la verdad) son considerados un verdadero riesgo para la seguridad nacional, pues, desde entonces, se encuentra, junto a su madre, en reclusión domiciliaria, como medida cautelar.

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 La madre de Anna Bensi, Caridad Silvente Laffita, también fue citada pocos días atrás. Al acudir a lo que prometía ser un típico interrogatorio plagado de intimidaciones, se le informó que estaba siendo acusada (¡sorpresa!) de “actos contra la intimidad personal y familiar, la propia imagen y voz, identidad de otra persona y sus datos”. Un delito tipificado en el Artículo 393 del Código Penal cubano, en el que –presuntamente– había incurrido, ¡nada más y nada menos!, por filmar con su móvil al suboficial Yoel Leodán Rabaza Ramos cuando se presentó a su puerta con un papel que violaba por completo la norma jurídica a modo de cédula de citación.

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¡Cualquiera hubiese desconfiado de un individuo que aparece vestido de civil, con gafas y en cómodas chancletas, diciendo: “Yo no tengo nada que ver con esto; es la Seguridad la que me está mandando”! Más si le acompaña otro sujeto, de aspecto bien comido, que se mantenía dando la espalda para no ser identificado. Pero ahora se argumenta que el señor suboficial, protegido por todo el monolítico sistema estatal-jurídico-miltar, tiene temor por lo que le pueda ocurrir… y prefiere acusar a dos simples y pacíficas ciudadanas en vez de ¡comprarse un perro!

Cuando Anna Bensi se encaminó a la estación 27, sabía que el declarado motivo de su citación (“toma de declaración” al respecto de la acusación en contra su madre) era “de mentirita”; que el real, el verdadero, era hacerla callar. Callar su patriotismo. Callar su fe. Callar sus reclamaciones de una Cuba libre y de libertad para los presos políticos. Quebrar su decisión de “obedecer a Dios antes que a los hombres”*. Siempre lo expresó claramente: anticomunista y cristiana. ¡Doblemente molesta para el régimen!

Ya en la unidad, luego de ser instruida de cargos en presencia de su abogado, fue puesta en espera unos minutos y luego conducida por un oficial a otra oficina. Allí le ordenaron quitarse la blusa para ser revisada minuciosamente, desde los zapatos ¡hasta el último pelo de su abundante cabellera!

¿Podría la Seguridad del Estado entender el perfil psicológico de esta chica como agresivo, al punto de pensar que hubiese llevado un arma escondida y pudiera perpetrar un crimen? No. No les creo tan ineptos como para tal cosa. Entonces, ¿buscaban algún artefacto de grabación con temor a ser escuchados por todo el país con sus desvergonzadas amenazas, su falta de ética y sus deslices legales? Bueno, sé que este sería un motivo suficiente –y parece ser el que quisieron aparentar cuando, en el camino a la segunda oficina, se le preguntó si portaba algún dispositivo–, pero, mi criterio es que intentaban algo más.

 Y no sería absurdo que hubiese intenciones más sórdidas. No es la primera vez que la Seguridad del Estado hace gala de un protocolo carcelario para demostrar poder y hacer sentir al interrogado en un completo estado de indefensión. Ellos saben que desnudar parcial o completamente a una persona no sólo puede ser una experiencia humillante, sino que es suficiente para desestabilizarle. Hacer notar que son ellos los que están al control de cualquier parte de la intimidad personal es un viejo recurso que forma parte del arsenal del oficio de torturador.

Cualquiera que sea el motivo de un comportamiento tan impropio hacia el conocido caso, salta a la luz que la Seguridad del Estado teme. Teme y tantea el estado de opinión pública (¡la chica es verdaderamente muy conocida en las redes y podría salirles el tiro por la culata!). Teme y apuesta por la posibilidad de que Anna y su madre cometan un error que califique para algo gordo. Mientras, se entretienen recolectando datos que puedan servirles para más adelante. Para engrosar el expediente del posible caso gordo.

Eso me hace pensar en otro posible motivo directo para cachear a Anna Bensi a la salida de la entrevista y no antes: estaban interesados (¡terriblemente deseosos!) de que hubiese cometido la temeridad de llevar un dispositivo de grabación escondido. Si documentar la entrega de una citación por un oficial que parecía un vendedor de caramelos ¡en la propia casa! lo hacen ver como un ataque a la privacidad. ¡Sólo Dios sabe de cuántas cosas podrían planear acusarle por grabar el encuentro dentro de la unidad policial!

Lo espeluznante es que Anna y Caridad, dos mujeres acosadas por el poder dictatorial de un régimen que mientras presume de democracia no tolera el más mínimo y respetuoso disenso, ahora pueden llegar a enfrentar de dos a cinco años de privación de libertad. Eso, a pesar que el abogado contratado en su defensa alega que “los hechos denunciados no son constitutivos de delito alguno”.

El letrado señala, además, que el delito imputado y el de injuria, en el Artículo 394.1, “son perseguibles en virtud de querella de la persona ofendida”, y no mediante denuncia; “por lo que nunca debió radicarse la denuncia”, y que los elementos que plantea “se encuentran siendo violados de manera flagrante al conducirse una investigación por parte del órgano policial”. O sea: que se atrevió a decir que la poli, el Ministerio del Interior y la Seguridad de Estado han hecho mal su trabajo a través de una chapucera trampa. Lo que no es nuevo, pero si poco usual y peligroso decirlo desde el ejercicio del derecho en Cuba. Así que tendremos que seguir la carrera de este señor, no vaya a ser que el mismo u otro policía chancletero se aparezca también a su puerta.

El próximo capítulo de esta historia de terror seguramente demorará lo suficiente para que las muestras de solidaridad se enfríen o se redirijan a las próximas víctimas que creará el aparato represor. Es lo de siempre. Tiempo. Ganar tiempo. Manipular el tiempo. Mientras: desgastar, desanimar, atemorizar, desactivar.

Sí, dije “historia de terror”. Estamos ante un caso más de terrorismo de Estado; y ¡gracias a Dios!, por ahora, no el peor de ellos. Los más de mil presos políticos y las inhumanas condiciones higiénico-sanitarias que enfrentan en sus celdas, sumado a las torturas psicológicas y físicas y a la presión sobre sus familias (que han llevado a algunos hasta la muerte), así lo confirman. Si alguien no es capaz de verlo así, está enfermo de cinismo o de desinformación.  

Aunque por el momento estén intentando ser más cautelosos que con el caso de El4tico, para que no les explote igualmente en la cara y sea peor el remedio que la enfermedad, sabemos que son capaces de complicarles la vida aún más. Ahora, deberían recordar que las ideas no se matan… ¡y las ideas de esta muchacha son un libro abierto que todos pueden leer! ¡Ideas limpias! ¡Ideas que no necesitan desvestirse para descubrir segundas intenciones! ¡Ideas que los mismos represores deberían leer para el bien de sus oscuras y perdidas almas!

Este artículo ha sido publicado en colaboración con Atlántica Cuba

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