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Cita… ¿con ángeles?

Cita… ¿con ángeles?

Cary Silvente, madre de la joven Anna Sofía, ingresa al interrogatorio a la Unidad de policía de Alamar. | Facebook de Anna Sofía Benítez Silvente

Todo parece indicar que la Seguridad del Estado cubano (SE) decidió no seguir haciéndose la de la vista gorda ante la creciente influencia de una de las más nuevas y jóvenes youtuber admiradas en la isla, Anna Sofía Benítez Silvente (Ana Bensi).

Quizás, a pesar de que “el caso” (así, despersonalizado) haya sido un obvio objeto de estudio desde su primera aparición pública, la SE decidió tomar cartas en el asunto en un arranque de amor propio (favor de leerse como “orgullo insano”). Pero, lo cierto, y que ya ha corrido como pólvora en las redes y medios de prensa, es que ha sido hecho por medio de otro acto mediocre y desacertado: la cita de Caridad Sylvente, su madre, para un interrogatorio.

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Se hace uso de una cédula de citación que viola de varias maneras la norma jurídica, y hasta la más común y decente idea de oficialidad; aunque la evidencia testimonial y documental indique que fue emitida por el Ministerio del Interior… pero, ¡qué más da! ¡Nos tienen acostumbrados! Entre los desmanes de su tinta, resalta a nuestros ojos cómo el espacio destinado a especificar el motivo de esta ha sido entregado en blanco. Quizás para aumentar el suspenso, el misterio; para hacer que el factor psicológico vaya haciendo efecto antes de la cita, corroyendo la entereza de carácter, provocando que las convicciones cedan ante el temor…

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Tal vez sea la manera más directa de amenazar, mostrando que no necesitan motivo, que son los mandamáses, que actúan en modo mafioso y que saben tener impunidad total sin importar si cumplen las reglas o no, si se enteran todos o no…  O simplemente es parte de la chapucería y la falta de profesionalismo que caracteriza cada vez más a las autoridades cubanas.

¿Objetivo? Probar si pueden lograr que el amor maternal (léase en el más profundo y natural sentido de la palabra) se constituya, en este caso, el eslabón más frágil de una cadena de apariciones en las redes (Facebook, YouTube y TikTok), donde Anna cuestiona, desde su derecho a expresarse, la debacle actual de la nación.

O sea: Caridad, a pesar de la entereza que proyecta en el acompañamiento de su hija, sólo les resulta un medio para llegar a un fin. Esta citación no es más que la vieja técnica de amedrentar a la madre para que convenza a la cachorra. ¿Recuerdan que la usaron cuando los universitarios de varias partes del país se plantaron contra el tarifazo de Etecsa, no? Pues, si revisamos los últimos acontecimientos, los muchachos del proyecto Fuera de la Caja, con los que Anna ha producido material audiovisual (junto a sus hermanos de fe: Iván Calás, David Espinoza y Roldan Fernández) han denunciado también que su familia ha sido objeto de acoso por medio de agentes de la policía política.

¿Convencer a Ana Bensi de qué? Si ni siquiera pertenece a un partido político, se preguntarán algunos que no están al tanto de la cruda realidad de la isla. ¡Pues de rendir las armas de su pensamiento y su locuacidad! Sus apariciones son estimadas por seguidores por ser desbordantes de sinceridad, inteligencia, creatividad y, sobre todo, de amor patrio y devoción cristiana (léanse ambos afectos en el más sublime sentido que podamos entender).

Si mover los engranajes mentales fuera del adoctrinamiento que se lleva a cabo desde las edades más tempranas resulta incómodo al sistema, expresarlo pública y frontalmente se convierte en un pecado imperdonable. Temen a que su fe le haga indetenible. Temen a que, no sólo continúe ganando las simpatías del pueblo cubano, sino que su firmeza y claridad política pueda movilizar a otros jóvenes cristianos. ¡Necesitan que la chica se detenga ahora, sin tener que ensuciarse mucho las manos!

¡Asombroso! ¿Cómo es posible que una sencilla Ana Bensi, de 21 años de edad, se convierta en el objetivo de los órganos de seguridad del Estado? ¿Acaso no perciben estar en la sima del deterioro y la decadencia sistémica de un país que ha sido azotado y ordeñado hasta el desgaste, en manos de un régimen totalitario e inmoral? Imposible tal enajenación. No perdamos de vista que nadie como ellos puede conocer la verdad de la verdad, saber la calaña de cada quién, la pata de la que cojea cada cual.

El verdadero problema es que son ellos quienes llevan más de medio siglo de labor ininterrumpida en el sostenimiento del sistema que les creó. Por lo tanto, arrastran y acumulan más de medio siglo de habilidades… y también de responsabilidad. ¡Cómo no se avergüenzan ante la opinión pública internacional (a la que han mentido desde los medios y desde cada podio), ante el pueblo cubano (que sucumbe en penurias, con el alma inundada de promesas incumplidas), y ante su propia familia (a la que ya sería imposible convencer con ningún alarde sobre el honor de servir a una noble causa)! Nada, que la verdad es percibida como un arma por quienes no están dispuestos a recibirla como medicina.

Regresando a Caridad Sylvente: En este mismo 11 de marzo, desde las 2 pm, en la unidad de la PNR No. 15 del municipio de Alamar, estará enfrentando, a mano limpia, al leviatán. Y, por esta ocasión al menos, no creemos que haya golpes ni gritos, sino una extensa conversación en tono paternalista. Es de suponer que el encuentro ha de estar lleno de consejos a una madre sobre el posible destino que le aguarda a su joven hija si persiste en su actitud (destino donde sí suele haber gritos y golpes).

Ni siquiera hay que echar a volar la imaginación antes de que expliquen lo sucedido en esa oficina. Se le habrá intentado hacer sentir todo el peso de la responsabilidad acerca de todo cuanto pudiera acontecer en un futuro inmediato. Se le habrá enunciado una inmensa cantidad de artículos del actual Código Penal que hacen gala de la intolerancia del Estado por el disenso y de su poder para asfixiarlo. No habrán faltado las indicaciones precisas de las violaciones de la ley que ya se han cometido, ¡hasta por una bocanada de aire! Todo sazonado con comentarios sobre las bonitas aspiraciones profesionales que, tiempo atrás, soñaron madre e hija; o sugerencias acerca de los inocuos emprendimientos a que podrían dedicarse si dejaran atrás todo, y al menos convinieren en borrar lo publicado.

¿De su parte? La compresión del estado de confusión causado por un estrés sostenido (aquí, sin dudas, harán la necesaria mención al bloqueo imperialista); el reconocimiento del error por parte de los actores políticos y sociales de la comunidad en la falta de una atención ideológica personalizada; y la perspectiva científica de como la juventud resulta una fuente de pasiones inmaduras que necesitan de esa lucidez que aporta la experiencia de una vida adulta y responsable.

Se le habrá hecho notar, además, que entienden perfectamente a las amistades de su hija como fuente de malas influencias y responsables del pensamiento que actualmente defiende; por lo que, si ella, como madre, lograra que hubiese un distanciamiento prudencial, la SE podría entenderlo como un acto de buena voluntad en el proceso de rehabilitación social.  Para culminar, el pollo de arroz con pollo: la promesa de que su caso cumplido con esas y otras condiciones, podría ser archivado como una especie de mal entendido.

¡Ah, perdón! Pasamos por alto el inicio. Todo el discurso seguramente comenzó intentando impresionarle acerca del conocimiento que se tiene de sus vidas (siempre en plural: “Sabemos… conocemos…”). Porque a todos los que hemos pasado por ahí, nos recitaron una larga lista de nuestras preferencias alimenticias, los lugares que nos gusta frecuentar cuando paseamos, las calles que tomamos en nuestras rutinas diarias, los nombres de nuestras amistades “problemáticas”. Ese suele ser el momento ideal para hacerle sentir cercada, desnuda, controlada; aunque solo manejen tres tristes datos, pescados de sus perfiles de Facebook. En fin… ¡el mar! Todo como guardianes del maldito orden social establecido.

Ahora, milicos, no se equivoquen... Esta historia no parece que vaya a terminar en esa oficina. Recuerden que cada palabra en la boca de esa chica no es una simple consigna y atiendan a la sonrisa de esa madre, a su mirada llena de cubano orgullo. Si el 4tico se multiplicó más de lo que calcularon, hacerle daño a Anna, a sus familias y amigos puede desatar todo un cardumen.

Yo les aconsejaría que, por decencia, acaben de ponerse de parte de ese pueblo que, por vilipendiado, no ha cejado en sus puras ansias de libertad. Pero, si ya no tienen alma, si ya vendieron al diablo rojo toda la conciencia, apelo a su instinto de supervivencia: ¡No toquen ni un pelo de la abundante melena de Sofía! La historia no les absolverá.

Tampoco el pueblo olvidará los nombres de quienes lanzan el monstruoso aparato represivo sobre una joven repleta de patriotismo (ese patriotismo que no elige el miedo, que emana desde la profundidad de una fe que sabe adónde se dirige).